Los milagros estadísticos existen y las revelaciones corren por cuenta del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). De otro modo no puede explicarse técnicamente que la pobreza afecte a menos del 15% de la población argentina. Y hay un agravante. La medición fue realizada durante el segundo semestre de 2009, es decir, cuando los efectos de la recesión -también negada oficialmente- golpeaban a todos los actores de la actividad económica.

La conclusión es casi elocuente. En la Argentina, la crisis mundial pasó fugazmente. El país creció a menos de un 1% anual, con una tasa de desempleo que se mantuvo por debajo de los dos dígitos y una inflación que tampoco superó el 10%. Tan sólo con esos indicadores se puede explicar los resultados de pobreza difundidos ayer por el Indec.

En los últimos seis años, la pobreza se redujo casi en cuatro veces. Si se toma el caso específico de Tucumán, las mismas cifras oficiales recuerdan que, durante el primer semestre de 2004, el 56,2% de los habitantes del Gran Tucumán-Tafí Viejo no pudo reunir los ingresos mínimos para dejar de ser pobre. Sí, uno de cada dos pobladores del principal aglomerado provincial era pobre. El crack en el índice se evidenció en 2007. Para entonces, la tasa alcanzó al 35,7% de la población, en momentos en que la inflación comenzaba a socavar la política de la gestión kirchnerista. Hubo intervención al Indec, se retocó el Indice de Precios al Consumidor (IPC) y, arrancó la polémica sobre la necesidad de normalizar al organismo encargado de medir la situación socioeconómica del país. Sin inflación, la tasa de pobreza se desinfla.

Con una canasta básica total, valuada en menos de $ 1.200, es casi seguro que implique una disminución del termómetro social. Sin embargo, las asociaciones de consumidores y algunas mediciones privadas dan cuenta que esa misma canasta, que marca el límite de ingresos para no ser pobre, no baja de los $ 1.600. Peor es el escenario porque las mismas organizaciones señalan que la clase media empobrecida no puede vivir con menos de $ 3.000 al mes o de $ 100 diarios para atender los gastos alimentarios, de transporte y de servicios esenciales para el hogar. En Tucumán, según el propio Indec, se cobra el segundo sueldo privado formal más bajo del país.

Lo que queda
Tucumán cerró el año de la mayor crisis global con una tasa de pobreza del 15,6% y con menos del 5% de sus habitantes en situación de indigencia.

Después de mucho tiempo, la provincia puede mostrar -al menos en sus indicadores oficiales- que la desocupación afecta a menos de 30.000 tucumanos. Pero en el camino no debe perderse de vista que ese ejército de desempleados no es más que una porción de los potenciales pobres. En esa delgada línea social también puede inscribirse a unos 100.000 trabajadores (el 40% de los asalariados), cuyos empleadores no les hacen los aportes previsionales, no les reconocen vacaciones, mucho menos los beneficios de una obra social. Están en negro, en el pasillo de la informalidad laboral que sólo conduce a la pobreza.

Mientras tanto, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, se siente "la Sarmiento del Bicentenario" y el gobernador José Alperovich dice, a viva voz, que, durante su gestión de Gobierno se hicieron más obras públicas "que en la época de Alberdi, Sarmiento y Perón".

La inflación sigue acechando a la Argentina. Las asignaciones universales por hijo pueden constituirse en el nuevo Plan Jefas y Jefes de Hogar desocupados de la nueva era K. Tal vez contribuyan a amortiguar cualquier suba de la pobreza. Mientras no se corra el velo, resultará difícil establecer el universo de población que necesita una urgente atención oficial, para dejar de ser pobre o, en el peor de los casos, indigente...más allá de los índices.